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Català

viernes, 28 de octubre de 2011

14. Tiempos de escasez


  
   En capítulos anteriores ya hemos visto como la escasez de sellos obligaba a usar sellos benéficos o locales, sellos republicanos en zona nacional o simplemente a enviar la correspondencia sin franquear. En ambas zonas, la escasez generalizada llevaba a utilizar sellos partidos por la mitad, papeles de muy baja calidad, aprovechar sobres girándolos al revés, etc.

 Tarjeta patriótica de 1937, franqueada con medio sello republicano.
  



Dos"tarjetas postales", una de cada zona,
confeccionadas a mano con trozos de cartón.




Arriba: Sobre confeccionado a mano aprovechando papel usado.
Abajo: Tarjeta comercial improvisada recortando papel pautado
para partituras musicales. En el dorso se pide "alguna muestra
para camisas en la calidad popelín listado".





Una técnica bastante habitual para aprovechar el espacio de una
tarjeta consistía en reescribir perpendicularmente sobre lo escrito,
aunque con ello su lectura resultara muy difícil.




   La no existencia  de sellos en una población permitía enviar la correspondencia sin franquear, pero solía exigirse una autorización del ayuntamiento. En los cuatro sobres que siguen (tres republicanos del año 1938 y uno nacional del año 1940) el Ayuntamiento certifica la no existencia de sellos. El de arriba a la izquierda está enviado a un preso del Campo de Trabajo republicano de Cervera. En Cataluña, el SIM (Servicio de Investigación Militar) tenía seis Campos de Trabajo, en los que convivían religiosos, empresarios, falangistas, etc. con miembros del POUM y de la CNT, acusados todos de ser enemigos de la República.









   A partir de mediados de 1938 en la zona republicana empezaba a escasear de todo y los soldados pedían cosas básicas, entre ellas papel y tinta, a las organizaciones de socorro. 








Papel facilitado a los combatientes por una organización femenina de orientación comunista.







Tres fragmentos de cartas enviadas a la organización SIA de inspiración anarquista.







 Este papel-sobre ilustrado, era para que los combatientes escribieran a sus familias,
pero en este caso, a falta de otro papel o sobre, fue utilizado en sentido inverso.





En este sobre-paquete improvisado, el comisario de una brigada republicana envía al
pueblo de un soldado muerto, sus escasísimos "efectos" (certificado de vacunación, fotos
familiares, sellos de correos...). Era el 20 de diciembre de 1938 y el ejército republicano,
tras la derrota de la batalla del Ebro, estaba ya en camino del desastre final.
  


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