senyera

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Català

viernes, 28 de octubre de 2011

15. Todo cambia





La guerra también deja huellas en la correspondencia comercial.
En este sobre vemos la huella de la colectivización de empresas.
Las prisas y la escasez obligan a aprovechar los sobres.





Un pequeño empresario se dirige al Presidente del Parlamento catalán para quejarse amargamente de los Comités de Control:  ”.. nos están humillando y arruinando en su provecho, los cuales, como todos los obreros, no disminuyen sus ahorros sino que los aumentan..”  “… lo duro que es convivir con los obreros a los que se les ha dicho que todo es de ellos y que los antiguos patrones éramos unos tiranos!  Cuantas humillaciones..”















Las tropas “nacionales” acaban de entrar en Barcelona.








Cuando los nacionales “liberaban” una población, todo cambiaba rápidamente; los nombres de las calles, la propiedad de las empresas y en algunos lugares, incluso la lengua. Pero como había escasez de todo tipo de materiales, había que aprovechar las tarjetas, los sobres comerciales, los sellos republicanos, las estampillas, .. Se aprovecha el sobre retocándolo a mano para convertir el catalán en castellano (RECADERO). Se retoca la estampilla para escribir a mano el nuevo nombre de la calle, etc.







Muchas empresas, tras la entrada de los Nacionales en su población, se hacían imprimir papel, sobres o tarjetas
adaptados a los nuevos tiempos. Y las que no podían, añadían estampillas o inscripciones manuales.





En 1933  la empresa barcelonesa “La Española” utilizaba papel impreso adornado con la bandera
republicana. Al inicio de la guerra se colectivizó la empresa por lo que se añadió las siglas “EC”
(Empresa Colectivizada) al nombre. Cuando las tropas de Franco entraron en Barcelona, se aprovechó de
nuevo el papel impreso sobreponiendo la nueva bandera a la republicana y rayando las siglas “EC”.












Esta tarjeta parece extraída de un recetario de “Cómo escribir cartas comerciales en la Nueva España”. Su estructura es arquetípica incluyendo la crucecita propia del nacional-catolicismo imperante.







Eran tiempos de entusiasmo guerrero y algunas empresas se adaptaron rápidamente. Este es el dorso del sobre de una empresa vasca de carpintería  que se puso a fabricar fusiles con bayoneta (simulados) para la instrucción de niños y jovencitos.






Estos dos sobres con ventana, pertenecientes a empresas colectivizadas (EC) se tuvieron que aprovechar tras
la entrada de los nacionales. En el de la izquierda el problema se resuelve con una simple estampilla con S.A.
(Sociedad Anónima). En el de la derecha la estampilla cambia todo el nombre e incluye su castellanización.











La entrada de los nacionales permitió a este empresario recuperar su fábrica ("E.C." tachadas y los eslóganes de rigor) pero al mismo tiempo provocó la huida a Francia de su encargado (febrero de 1939). El empresario escribe, en mayo del “A. de la V.”, al campo de concentración de Barcarés (a la sección “Nacionalista”, en donde estaban los que querían volver a España) pidiendo que dejen volver a su empleado para poder poner en marcha la fábrica “y así contribuir al resurgimiento de nuestra Patria”. A su vuelta a España el encargado tuvo que pasar por un campo de clasificación y en octubre de 1940 se le clasificó como “INDIFERENTE al Glorioso Movimiento Nacional” a pesar de que en esta carta el empresario lo califica como “adicto al Glorioso Movimiento Nacional desde su inicio”.











El patriotismo, económico, del industrial murciano que escribe esta carta dirigida a sus clientes, no le hace
olvidar las deudas pendientes: “saldo a mi favor”. Pide su pago “con la mayor urgencia”, no sin advertirles
de que cinco de sus hijos se evadieron del “infierno rojo al iniciarse el Movimiento Salvador de España”
colaborando en la “Santa Causa” contra las “Hordas soviéticas”.





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